Duc in Altum – Misioneros al encuentro de Cristo

San Lucas, en su Evangelio, narra que los apóstoles pescaban en el lago de Genesaret cuando Jesús y aconsejó a Simón para que pudieran pescar: duc in altum”  (boga  mar adentro o condúcete a lo profundo).

Jesús aconseja a sus apóstoles dónde tirar la red, pero tras estas palabras, fuera de su contexto original podemos advertir una ruta para acercarnos a Dios a través de Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida (Cfr. Jn 14, 6). 

Ser Misionero es definitivamente uno de esos medios para llegar a Cristo, y como reza el Padre Nuestro “fiat voluntas tua” (hágase tu voluntad), cumplir con el mandato de Jesús: “Ir y anunciar el Evangelio” (Cfr. Mc 16, 15), y sólo así, como dice el Santo Padre Francisco, “al acariciar a los pobres tocamos la carne de Cristo”. Y no me refiero a la pobreza que como humanos percibimos, sino a la miseria espiritual, la ausencia de virtudes o falta de caridad, en conclusión, a la sed de Dios. 

Asimismo, la Virgen María, en la Anunciación, nos da una clara lección de obediencia al responderle al arcángel Gabriel: fiat”, qué significa, “hágase”, aceptando la voluntad de Dios. Es justamente María la primera seguidora de Cristo y modelo para todo cristiano porque su ejemplo de vida es perfecto. Cabe señalar que la palabra “cristiano” significa “seguidor de Cristo”, es entonces que María, y nadie mejor que ella, nos muestra cómo seguir las huellas de su hijo, y así, ser un verdadero “seguidor de Cristo”, siempre procurando hacer su voluntad.  

Toda nuestra vida es una búsqueda de Dios. Igualmente, dentro de una misión, el misionero, además de anunciar a Cristo y conducir a los hombres al encuentro amoroso con Dios Padre, recibe constates bendiciones, y encuentra a Dios, como resultado de la obediencia a su mandato, tal como lo expresa el profeta Isaías: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que trae buenas nuevas!”  (Cfr. Is 52, 7). San Agustín en sus Confesiones expresa: “Tú nos hiciste para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”. La misión es justamente eso, “descansar en el Señor”, descansar en su paz, en las sonrisas de los niños o el agradecimiento de la comunidad que ven en ti, cual ángel, un verdadero mensajero del Señor. 

San Juan Pablo II solía evocar “duc in altum” para manifestar a los feligreses el camino a seguir. Así es que la exhortación, sobre todo a los jóvenes que anhelen “tocar la carne de Cristo”, es,  como nos decía el Papa: ¡DUC IN ALTUM!

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Néstor Rojo

Teacher and formator

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