Pentecostés y sus Dones

Pentecostés celebra el descenso del Espíritu Santo a los Apóstoles, María, algunas mujeres y otros discípulos del círculo de amigos de Jesús (Cfr. Hch 1, 13-14; 2, 1). Se celebra a los 50 días de Pascua, de ahí la palabra “Pentecostés”, que deriva del griego pentekostē (cincuenta). Pentecostés es considerado como la celebración del nacimiento real de la Iglesia

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad y de igual grandeza divina que el Padre y el Hijo. Jesús había prometido a los discípulos “enviarles otro Consolador (Paráclito)” (Cfr. Jn 14, 16) para cuando ya no estuviese con ellos. Cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre los discípulos de la Iglesia Primitiva, experimentaban una profunda seguridad y alegría en la fe y recibían ciertos carismas (dones de la gracia), es decir, podían profetizar, sanar y hacer milagros. Sin los Dones del Espíritu Santo”(1 Cor 12) la Iglesia es una entidad muerta, “sin espíritu”.

El Espíritu Santo en la Escritura

El descenso del Espíritu Santo, anunciado proféticamente por Jesús, fue un acontecimiento impresionante: “Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos” (Hch 2, 3). Sin saber lo que les estaba sucediendo “se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hch 2, 4). En el momento de su nacimiento, la Iglesia, llena del Espíritu, desarrolla inmediatamente un dinamismo misionero. Justo como Jesús les había pedido antes de irse: “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mt 28, 19). Después de la venida del Espíritu Santo se preguntaron: “¿Qué haremos, hermanos?”(Hch 2, 37), pero la respuesta la da Pedro: “Conviértanse y que cada uno de ustedes se bautice en el nombre de Jesucristo, para perdón de sus pecados y para que reciban el don del Espíritu Santo” (Hch 2, 38). 

Antes de Pentecostés el Espíritu Santo ya es una realidad divina en el Nuevo Testamento: 

  • En la Concepción de Jesús cuando el Espíritu Santo viene sobre María con todo su poder y “la cubre con su sombra” (Cfr. Lc 1, 35). 
  • En el Bautismo de Jesús en el Jordán el Espíritu Santo “viene sobre Él” (Mt 3, 16), el mismo que aleteaba sobre las aguas de la primera creación (Cfr. Gn 1, 2), aparece aquí en el principio de la nueva creación. 
  • En el Evangelio de Juan, Jesús habla del “Espíritu de la verdad” (Jn 14, 17) que el mundo no puede recibir porque desconoce. 

El Espíritu Santo está presente en el Nuevo Testamento con tres palabras: 

  1. DynamisOmnipotencia de Dios (Cfr. Hch 1, 8; Rm 1, 4; 16, 25; Ef 3, 20; 1Cor 6, 14).
  2. EnergeiaPoder efectivo (Cfr. Col 1, 29; Flp 2, 13). 
  3. PneumaAliento vivo (Cfr. Jn 20, 22; Rm 15, 13; Hch 2, 3-4). 

Los Siete Dones del Espíritu Santo

En el Nuevo Testamento encontramos en varios pasajes o listas de los “Dones del Espíritu Santo” (Cfr. Rm 12,6-8; 1Cor 12,8-10; 12, 28-31; Ef 4,7.11; 1P 4,10-11). “Los siete dones del Espíritu Santo son: Sabiduría, Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios. Con ellos «dota» el Espíritu Santo a los cristianos; es decir, más allá de sus disposiciones naturales, Él les regala unas fuerzas determinadas y les da la oportunidad de convertirse en instrumentos especiales de Dios en este mundo” (YOUCAT #310). 

  1. Sabiduría: El “espíritu de discernimiento”. En la Primer Carta de Juan (4, 1) nos dice: “Queridos hermanos, no se fíen de cualquier espíritu; antes bien, comprueben que los espíritus son de Dios, pues son muchos los falsos profetas que han venido al mundo”. Es por eso que muchos cristianos sabios sueles decir: déjame rezar y dormir una noche, luego podré decidir.
  2. Entendimiento: Significa “No quedarse en lo superficial”, “busca en las profundidades”. El entendimiento se presenta en los discípulos de Emaús (Cfr. Lc 24, 13-35) que salen con pensamientos oscuros hasta que una misteriosa tercera persona se les une. Los ojos de los desesperados sólo se abren al partir el pan. Sin su entendimiento nunca lo sabríamos. Dios ha preparado para los que lo aman cosas que nadie ha visto ni oído, y ni siquiera pensado. Éstas son las cosas que Dios nos ha hecho conocer por medio del Espíritu, pues “el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios” (1Cor 2, 9-10). 
  3. Consejo: Ya que a menudo estamos perdidos, sin rumbo y nuestra incertidumbre causa acciones que nos afectan. El cristiano debe vivir de la confianza y la paciencia, de esperar la mano de Dios. Cuando llegue la hora, nos quedará claro qué es lo correcto. Jesús aconsejó a sus discípulos para la hora en que serían llevados a juicio: “Pero cuando los entreguen a las autoridades, no se preocupen de cómo o qué van a hablar, lo que tengan que hablar se les comunicará cuando llegue el momento. Porque no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por ustedes” (Mt 10, 19-20). 
  4. Fortaleza: Dice el YOUCAT en el numeral 303: “Aboga continuamente por el bien que ha conocido, incluso cuando en un caso extremo deba sacrificar hasta la propia vida”. La fortaleza asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Los verdaderos siervos de Dios “insisten a tiempo y a destiempo” (2Tm 4, 2).
  5. Conocimiento: No se refiere simplemente a la razón humana, sino a ese “conocimiento” de la historia de la mujer del pozo de Jacob (Cfr. Jn 4), donde aunque Jesús no conoce a la mujer, es capaz de captar su necesidad interior y mostrarle el camino de la curación. En la Iglesia encontramos a menudo este don de conocimiento en sabios confesores y personas que acompañan a otros espiritualmente.
  6. Piedad: Se es piadoso cuando se ha hecho de Dios el centro de su pensamiento, juicio y actuación. Conocer a Dios es ponerle en primer lugar en nuestras vidas. “Porque se ha manifestado la gracias salvadora de Dios a la humanidad, que nos enseña a que renunciemos a la impiedad y a las pasiones mundanas, y vivamos con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente” (Tt 2, 11-12). 
  7. Temor de Dios. Por muy extraño que se escuche, quien es temeroso de Dios pone la voluntad de Dios por encima de sus planes personales; hace todo lo posible para vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios y no transgredirlos. 

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Néstor Rojo

Teacher and formator

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