“La Eucaristía es misterio de fe, prenda de esperanza y fuente de caridad con Dios y entre los hombres”. San Juan Pablo II.
Para iniciar es bueno aclarar que Jesús era judío, y para ellos, hablar del cuerpo y sangre significaba hablar de la totalidad de la persona. Por tal motivo, al instituir la Eucaristía, Jesús le dijo a sus amigos: “Esto es mi Cuerpo… Esta es mi Sangre”. Es decir, la plenitud de su persona bajo las especies del pan y vino.
Los católicos creemos que durante la misa, tras la consagración, se hace presente real y verdaderamente, Jesucristo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
En el Antiguo Testamento (Escrituras respetadas por los judíos) se consideraba necesario el derramamiento de sangre de la víctima ofrecida a Dios en reparación de los pecados:
“Salpicará con la sangre de la víctima (cabrito, tórtolas o pichones) la pared del altar y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Es un sacrificio reparador del pecado”. Lv 5, 9. (Cfr. Lv 17, 11; Hb 9, 22).
Jesús es el Nuevo Cordero. El primer cordero que salvó al pueblo de Dios fue en la noche que fueron liberados de la esclavitud en Egipto, al cubrir sus casas con su sangre. Jesús es el Cordero de la Nueva Alianza, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, nos libera de la esclavitud del pecado, paga por nuestras faltas y nos salva. La Iglesia repite continuamente en todas las misas: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Cfr. Jn 1, 29). Dichosos los invitados a esta cena” (Cfr. Ap 19, 9).
Es importante aclarar que cuando Jesús instaura la Eucaristía, no habla en sentido figurado o simbólico, como argumentan equivocadamente los no católicos. Las palabras usadas por Cristo durante la Última Cena no pueden ser más evidentes e incuestionables. “Esto ES mi Cuerpo (Mt 26, 26), Esta ES mi Sangre (Mt 26, 28)”. Nunca dijo “Esto REPRESENTA mi Cuerpo y mi Sangre”. Nuestro Señor habla con claridad, sin dejar lugar a dudas de su presencia en la Eucaristía. (Cfr. Mc 14, 22.24; Lc 22, 19-20; 1Cor 11, 23-25).
Y para ratificar su presencia en la Eucaristía, Jesús nos dice que “su cuerpo es VERDADERA COMIDA y su sangre, VERDADERA BEBIDA” (Cfr. Jn 6, 55). Nos aclara que no habla con simbolismos, sino que efectivamente el Cuerpo y Sangre que nos dará será realmente para ser comido y bebido (Cfr. Jn 6, 54), como creemos en la Iglesia Católica. Para nosotros, la Eucaristía es la presencia real de Cristo y no un mero símbolo, como creen otros grupos religiosos.
La Iglesia Católica desde sus orígenes se ha reunido para celebrar la Eucaristía, en aquel tiempo conocida como Fracción del Pan (Cfr. Hch 2, 42) y lo hacían el domingo, tal y como lo seguimos haciendo (Cfr. Hch 20, 7).
Textos bíblicos que fundamentan la presencia eucarística de Jesús:
“Jesús les dijo: – Yo soy el pan de vida – … Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho que era el pan bajado del cielo” (Cfr. Jn 6, 35.41).
“Yo soy el pan de la vida. Este es el pan que baja del cielo, para que quien coma de Él no muera” (Cfr. Jn 6, 48.50).
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne” (Jn 6, 51).
