La Asunción de la Virgen María

El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. 

El Papa Pío XII proclama en la Constitución Munificentissimus Deus que “si María tuvo parte en la obra del Mesías y fue preservada del pecado por los méritos de su Hijo, su participación quedaría parcial e incompleta sin una glorificación corporal”

Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica (Cfr. #966) nos enseña: “la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del Universo”. “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”(Cfr. Ap 12, 1). La Virgen aparece radiante. 

Recordemos que hablamos de “asunción” y no “ascensión”, término para referirnos al hecho de que Jesús sube al cielo por sus propios medios, María es elevada por ángeles.

San Juan Pablo II, en la Audiencia General del 25 de junio de 1997 nos dejó una clara catequesis sobre la “Dormición de la Madre de Dios”, a continuación, resaltaremos los siguientes puntos: 

  • “Dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre”.
  • “Es verdad que en la Revelación la muerte se presenta como castigo del pecado. Sin embargo, el hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación”.
  • “Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una «dormición»”.
  • “La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida”.

En conclusión, la importancia que tiene para nosotros la Asunción de la Virgen se da en la relación que ésta tiene entre la Resurrección de Jesucristo y nuestra resurrección. El que María se halle en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es la anticipación de nuestra propia resurrección, dado que ella es un ser humano como nosotros. 

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Néstor Rojo

Teacher and formator

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