Vivamos en el Kairos de Dios

“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros; que, como yo los he amado, así se amen también entre ustedes. Todos conocerán que son discípulos míos en una cosa: en que se tienen amor los unos a los otros” Jn 13, 34-35. 

Definitivamente el amor de Dios se refleja en nosotros y en la manera en que nos relacionamos con los demás. San Juan, escritor del Apocalipsis, en el capítulo 21, versículo 5, escribe que Jesús, el Señor, hace nuevas todas las cosas. Para esto utiliza la palabra en griego, kainos. Es importante mencionar que el idioma griego utiliza dos palabras para expresar algo nuevo: neo y kainos. El término neo expresa algo nuevo, que no existía, que recién se conoció o descubrió. La expresión kainos no la utilizamos en español, y en este caso Juan la emplea para enunciar algo que tiene la cualidad de continuamente renovarse, como si nunca pasara. 

Todo lo material está inmerso en el khronos, el tiempo que pasa y envejece, que afecta cosas y que, en consecuencia, dejan de estar nuevas (neo). De la misma manera ocurre con las personas, todos estamos sumergidos en el khronos

Tomemos de ejemplo cuando conocemos a una persona, hablando de relaciones sentimentales, es una novedad que, del gusto, da paso a lo que se puede convertir en amor. Cuando pasa el tiempo y el khronos sigue su marcha, las personas cambian, y dejan de ser esa persona que alguna vez fue una novedad (neo).  

Llegados a este punto es importante regresar a Juan que nos dice que el Señor hace nuevas todas las cosas (Cfr. Ap 21, 5), aunque a los ojos del mundo parece que no es así. Es cuando volteamos a ver a algunas parejas que, después de muchos años de casados, y a pesar de haber sido golpeadas por el paso del tiempo, observamos que aún se aman con la misma intensidad de siempre. De la misma manera pasa con nuestros familiares mayores, a quienes, a pesar del paso del tiempo, les seguimos viendo iguales. Justamente porque el milagro de Dios es hacer nuevas todas las cosas gracias a su amor que vive en el kairos, el tiempo de Dios. Por lo que, a pesar del tiempo, las personas que amamos son cada vez más hermosas para quienes les ven con el amor de Dios, que habita en el kairos. El khronos continúa con su marcha en la carne, pero no en quienes les amamos. 

San Pablo en su Carta a los Corintios nos dice que el amor es capaz de todo, y que no acabará nunca (Cfr. 1Cor 13, 7-8). Quienes viven inmersos en este amor tienen relaciones duraderas porque Dios sigue haciendo nuevas las relaciones como cuando se conocieron, si no vivimos sumergidos en este amor, los defectos y cambios en las personas reinan por encima del amor que se quedó esperando lo novedoso (neo) y no dejan de ver los efectos del khronos. Siempre habrá personas nuevas que nos pueden deslumbrar como lo hizo esa persona la primera vez, de cada uno depende con qué ojos les ve. 

En el cielo no pasará el tiempo y todo siempre será nuevo, y ya que fuimos creados para la eternidad es preciso estar inmersos en el amor de Dios para que seamos felices con nuestras personas amadas, que siempre serán nuevas en el tiempo de Dios. 

El amor de Dios regenera todo a tal grado que no tenemos necesidad de buscar algo nuevo (neo). Esto no quiere decir que no se admire la belleza, sino que no hay atracción porque nuestra vida es plena. De lo contrario, lleva las relaciones a tragedias a niveles de divorcios físicos o espirituales. 

El amor de Dios es absolutamente necesario, y el que se mantiene en el amor vive en Dios y Dios en él (Cfr. 1Jn 4, 16). De está manera, el khronos seguirá su marcha, pero no en nuestra vida espiritual, enfocándonos en lo verdaderamente importante, no en simples apariencias materiales, corriendo el riesgo de nuestros ojos, que son materiales, sin Dios, siempre buscarán novedades.  

Muchos relaciones y matrimonios fracasan porque Dios no vive en ellos. El matrimonio es una institución divina, perfecta, que no se supone que fracase, pero sin Dios, esa institución que es suya, corre el riesgo de fracasar.  

No olvidemos orar para vivir en el kairos de Dios (Cfr. Mt 7, 7), sin la presencia de Dios todo se destruye, pidamos la presencia del Espíritu Santo para no estar buscando esas novedades que me presenta la vida por todos lados y así, cimentar mi amor en mis relaciones y matrimonio. 

Published by

Unknown's avatar

Néstor Rojo

Teacher and formator

Leave a comment