La respuesta a la pregunta que titula esta reflexión se fundamenta en lo que la Iglesia ha enseñado desde siempre y, que, a su vez, entre más la conocemos, nos lleva a aumentar nuestra admiración por la vida virtuosa de esa mujer que Dios eligió para ser el templo de Dios.
Es de suma importancia aclarar que los católicos adoramos exclusivamente a Dios. Los dogmas marianos son afirmaciones que nacieron de Concilios donde la Iglesia testifica que existen que son verdades de la fe irrefutables.
A lo largo de la historia de la Iglesia ha discernido y decretado cuatro Dogmas Marianos:
1. La Virginidad Perpetua de María
San Pío X define bellamente este dogma de la siguiente manera: El rayo de sol que atraviesa el cristal.
Es el dogma mariano más antiguo, según el cual María fue virgen antes, durante y después del parto y no tuvo otros hijos. El Concilio de Constantinopla (año 553) le otorgó a María el título de “virgen perpetua” (Aeiparthenos = siempre Virgen).
El siguiente enunciado resume el dogma de la Virginidad Perpetua (Definición dogmática, Concilio de Letrán):
“La Virgen María concibió virginalmente, por el Espíritu Santo, al Verbo de Dios (Jesús), engendrado desde antes de todos los siglos por Dios Padre (Jesús existe desde siempre, pero se hace hombre por medio de María), y que sin pérdida de su integridad (virginidad) le dio a luz, conservando indisoluble su virginidad después del parto”
El profeta Ezequiel había profetizado que María era la puerta oriental del templo, que no fue abierta ni se abrirá jamás, y el Señor, sin abrirla, la traspasó (Cfr. Ez 44, 1-4).
A continuación, se presentan otros textos bíblicos que fundamentan la Virginidad de María:
- “La virgen concebirá y dará a luz un hijo” Cfr. Is 7, 14.
- “El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen, y el nombre de la virgen era María” Cfr. Lc 1, 26-27.
- “¿Cómo será esto, pues no conozco varón? El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra” Cfr. Lc 1, 34-35.
- “José…no temas recibir a María, porque lo concebido en Ella es obra del Espíritu Santo” Cfr. Mt 1, 20.
Es imposible hablar de la Virginidad Perpetua de María sin mencionar el pasaje de la Escritura que narra sobre unos hermanos de Jesús. La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a hijos de la virgen María, en efecto, Santiago, José, Simón y Judas “hermanos de Jesús” (Cfr. Mt 13, 55) son los hijos de una María discípula de Jesús que se designa de manera significativa como “La otra María” (Cfr. Mt 28, 1). Se trata de parientes próximos a Jesús según una expresión conocida del Antiguo testamento” (Cfr. CIC # 500).
2. La Maternidad Divina de María
Jesús es hombre y Dios (humano y divino) al mismo tiempo, no es dos personas en una, sino que una persona con dos naturalezas. María es madre de Jesús en su integridad, por lo tanto es Madre de Diosporque su Hijo, Cristo, es Dios.
La gloriosa Virgen María es Madre de Dios, pues dio a luz según la carne al Verbo de Dios (Jesús) encarnado (Concilio de Éfeso).
El Papa Clementino, en el concilio de Éfeso fue muy claro: “Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema” (anatema = expulsado de la Iglesia).
- Jesucristo en cuanto a su divinidad tiene un solo Padre, el que lo engendró en los cielos (Cfr. Hb 1, 5).
- Jesucristo en cuanto a su humanidad tiene una sola Madre, la que lo engendró en la tierra (Cfr. Lc 1, 31).
La solemnidad de “María, Madre de Dios” (Theotokos) es muy antigua, en los subterráneos de Roma, donde se celebraban las primeras misas, se encuentran pinturas con esta inscripción. La celebramos el 1º de enero y es misa de precepto.
3. La Inmaculada concepción de María
La concepción se efectúa en el momento en el cual Dios infunde el alma en la materia orgánica procedente de los padres, es decir, se trata del momento en que comienza la vida humana.
El Papa Pío IX declara en el dogma que “la Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha del pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”.
- “Alégrate llena de gracia” (Cfr. Lc 1, 28). El ángel le confirma su pureza, inmaculada = sin mancha o defecto.
- Judas en su carta nos enseña que Dios “es capaz de guardarnos inmunes de la caída y de presentarnos sin tacha ante su gloria con alegría” (Cfr. Jds 24).
Resulta hasta en cierto sentido incuestionable que la Virgen tuviese que ser Inmaculada, ya que Jesús, Nuestro Salvador, verdadero hombre y libre de pecado (Cfr. Hb 4, 15) nació de ella, sería tanto como pretender que Jesucristo nació con mancha (pecado) por haber habitado en un vientre impuro. Entonces, como católicos podemos afirmar que la Santísima Virgen nació totalmente libre de defecto.
4. La Asunción de la Virgen María
El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.
El Papa Pío XII proclama en la Constitución Munificentissimus Deus que “si María tuvo parte en la obra del Mesías y fue preservada del pecado por los méritos de su Hijo, su participación quedaría parcial e incompleta sin una glorificación corporal”.
Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica (Cfr. #966) nos enseña: “La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del Universo”.
- “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Cfr. Ap 12, 1). La Virgen aparece radiante.
Recordemos que hablamos de “asunción” y no “ascensión”, término para referirnos al hecho de que Jesús sube al cielo por sus propios medios, María es elevada por ángeles.
En conclusión, para los católicos, el hecho de conocer el fundamento de nuestra fe en la Santísima Virgen María nos lleva a amarle más, así como admirar la perfección del plan de salvación que Dios diseñó para nosotros. Recurramos siempre a Nuestra Madre del Cielo, ya que a través de ella llegamos a Jesús.
“María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el Cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo” San Agustín de Hipona.